¿Qué cambia cuando adoptas?
Adoptar un perro o un gato cambia muchas cosas. Algunas son prácticas: nuevos horarios, nuevas rutinas, más organización. Otras son mucho más difíciles de explicar: compañía, vínculo, cariño y una forma diferente de vivir el día a día.
Cambian tus rutinas
Desde el primer día tendrás que incorporar nuevas responsabilidades: alimentación, paseos en el caso de los perros, limpieza, juegos, revisiones veterinarias y tiempo de calidad.
No significa que tu vida tenga que girar alrededor de tu mascota, pero sí que tendrás que hacerle un espacio real dentro de ella.
Cambia tu casa
Comederos, camas, juguetes, transportines, rascadores… poco a poco aparecerán nuevos objetos.
Pero el cambio más importante no está en lo que ocupa espacio, sino en quién empieza a formar parte de tu hogar.
Tu casa también deberá convertirse en un lugar seguro, adaptado a las necesidades del animal y en el que pueda sentirse tranquilo.
Cambia tu responsabilidad
Adoptar no es una decisión para unas semanas o unos meses.
Un perro o un gato puede acompañarte durante muchos años, por lo que debes tener en cuenta los gastos de alimentación, veterinario, cuidados, posibles imprevistos y las necesidades que puedan aparecer a medida que envejece.
También tendrás que pensar en él cuando viajes, cambies de vivienda o cambien tus circunstancias personales.
También cambia tu forma de relacionarte
Cada animal llega con su propia personalidad y, en algunos casos, con una historia que desconocemos.
Algunos se adaptan rápidamente. Otros necesitan días, semanas o incluso más tiempo para sentirse seguros.
La paciencia es fundamental. No esperes que todo sea perfecto desde el primer momento. Con tiempo, respeto y confianza iréis construyendo vuestra propia relación.
Y cambia algo más
Llegará un momento en el que dejarás de pensar en el animal que adoptaste y empezarás a pensar simplemente en tu perro o tu gato.
Porque adoptar no consiste únicamente en darle un hogar a un animal.
Consiste en compartir una vida.
Adoptar cambia la suya. Y, casi siempre, también cambia la tuya.